Momento de la expulsión de Escobar, Molinense 1 Imperial 1; 05-03-2023 (fuente: propia)
"¡Vaya un palillo pitando!". "¡Línea, hoy vas a cobrar!". Bienvenidos a la Tercera RFEF, bienvenidos al Sánchez Cánovas. Ésta es una categoría de verdad, en un campo de verdad y con jugadores de verdad; no el puro elitismo consumido por el gran público. Y con un fútbol que se oye.
Ayer por la mañana se disputó un encuentro de alto voltaje entre la Unión Molinense y el filial del Real Murcia, el Imperial. Me pregunto con qué equipo debería haber ido un molinense aficionado al grana. Desconozco la respuesta y prefiero ni entrar en ese debate. No sirve para nada. Fue un partidazo igualmente. Y de gran importancia, dadas las circunstancias con las que se enfrentaban los dos equipos: los locales, en puestos de playoff (5º); y los visitantes, muy cerca, esperando escalar en la tabla (7º).
Quien llevó el ritmo del partido en un principio fue el Imperial. David Sánchez, su entrenador y exfutbolista pimentonero, se desgañitó durante todo el partido dando órdenes, lo cual pareció surtir efecto en los chavales. Este fútbol es mucho más cercano, te enteras de todo, se te queda un álbum de imágenes y momentos en la retina: una mujer en silla de ruedas a ras de campo botándole cerca una pelota y que le pille con un cigarro en la boca; que el árbitro le diga a David Sánchez que no tire las botellas de agua y crear ahí el gran drama; las peleas en general de los árbitros y los entrenadores por cada átomo que pasa; que se vayan los gañanes del pueblo a insultar al árbitro cuando éste se dirige al túnel de vestuarios; lo típico de que un equipo diga que les roban y el otro lo mismo pero al revés; que haya más rebotes que en un partido de baloncesto; que el árbitro no deje hacer un cambio y el jugador saliente le llame subnormal; el 7 o el 9 quejándose a cada rato porque no le pasan suficiente la pelota, etc.
En cambio el entrenador del Molina, Sergio Sánchez, no pegó un solo grito. Si no estoy equivocado, estuvo sentado en una sillica de plástico durante los noventa minutos. En fin, otro estilo. Creo que en la segunda parte, con el empate ya conseguido en la primera gracias a un gol de penalti, los locales se recompusieron y fueron capaces incluso de ganar. Sobre todo con la acción clave del partido: la expulsión de un jugador del Imperial, quien barrió la pelota pero la pierna del contrario también. Pues nada, roja directa. A la puta calle. El chaval de verde -el Imperial iba de verde, verde oscuro-, Escobar, estaba que no se lo creía (?). El público estaba dividido; los molinenses decían que era justo, y los visitantes -que eran muchos- decían que había sido sin querer (sic). Estaba claro que era roja. Ahí vino otro hit balompédico proveniente de las categorías semiprofesionales: el tío, de la rabia, cogió su camiseta y la mordió con intención de arrancarle un trozo de tela de cuajo. Cuando ya su cabeza pareció encajar lo que había ocurrido, salió directo a las duchas y le pegó un puñetazo a una barra (de metal) que sostenía la protección del túnel de vestuarios. Me dan igual las pulsaciones del momento. Eso no se puede consentir. Por muy caliente que estuviera, eso le tuvo que hacer daño. En caliente y en frío.
Personalmente, creo que el Molinense mereció ganar porque tuvo más ocasiones clamorosas para guardarse los tres punticos, más con el otro equipo con diez. Al final, pienso que el resultado no benefició ni a unos ni a otros -aunque yo, molinense y murcianista, me quedara más tranquilo-. Al término de la jornada 24 del Grupo XIII, el Molina bajó a la sexta posición y el Imperial, ansioso por subir, se quedó donde estaba. Ale, todo el mundo a su casa. |
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