En el barrio sobra cultura

Cartel de la película "Últimas voluntades" (2023)

El pasado 30 de junio, día de su estreno, fui a ver la ópera prima del director murciano Joaquín Carmona, "Últimas voluntades". ¿El motivo? Poca cosa: que habían grabado muchas escenas en Molina, y en demás zonas de la Región.

Nos tenemos que remontar a principios de 2022. Una noche salimos de fiesta por las tascas capitalinas un puñado de amigos. Tampoco es que me acuerde de muchas cosas -fue hace un año y medio-, pero sí de lo importante. Estábamos en Revólver, notable garito de la noche universitaria; cuando de repente un compañero -Alberto, el Perroflauta- me toca la espalda y me dice: "Mira quién está ahí". Giro la cabeza y observo al puto Fernando Tejero sentado en una mesica tomándose una copa. En ese momento cortocircuité. Qué hacía este hombre en Murcia. No lo entendía, y a las dos de la mañana menos -más por él que por mí, me refiero-. En buena hora le reconocieron. Se corrió la voz y todo el mundo se abalanzó sobre él para echarse selfies. Yo no soy aficionado a hacerme fotos con famosos, y menos en situaciones como aquella -excepto si es por los loles-. No sé qué fue del tío.

Pues resulta que poco tiempo después, vengo de Murcia y me encuentro mi bloque repleto de unas carpas de color negro, con mucha gente alrededor. Nada, me acerco, me acerco, me acerco y veo que se está grabando una escena en el portal donde vivo. Cortocircuité otra vez. Pantallazo azul. E inmediatamente después conecté los dos sucesos. El Tejero estaba haciendo un papel aquí en Murcia. Yo sabía que se iba a hacer una película en la Región, pero no en mi casa. Superado lo dicho, había -por supuesto- una gran cantidad de curiosos; muchos de ellos de fuera del barrio. Si no de qué se iban a acercar allí. En fin, pijillos y no pijillos del pueblo. Personalmente, no me dejaron entrar hasta un buen rato. Recuerdo haber comentado ésto en su tiempo a mis tutores de prácticas, en Convalecencia, ambos apasionados al cine.

Una semana o dos después, otra vez el mismo percal. Panda de cabrones, que vengo de la facultad y me muero de hambre, dejarme pasar. No, entré en cinco minutos -previa bronca de mi agüela, claro-. El descansillo también estaba lleno de personal de la productora.

Pasó tiempo. Buscaba en Google cada dos por tres buscando información sobre el largometraje; estreno, actores, etc. Sólo sabía que salían Fernando Tejero y el hermano de Mario Casas. Hasta que llegó a los cines. Sinceramente, yo no tenías las expectativas altas por la obra en sí, sino por lo que salía. Sin embargo, tengo que decir que me pareció una buena película. La progresión argumental estaba cuidada al detalle. Tampoco era muy larga. Otro estupendo personaje de Carlos Santos, quien conformará una parte fundamental dentro de la trama. Salvador Serrano, otro murciano que se come la pantalla y le da ese toque autóctono. Una peli de 6-7. Nada desdeñable.

Y pues nada, desde que vi esta película y entro a mi portal me siento como si estuviera dentro de ella. Y cuando encaro el ascensor se me viene a la cabeza una escena. Ciertamente sangrienta. Un thriller interesante.

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