"Tiempo de silencio", de Luis Martín-Santos

Título: Tiempo de silencio

Autor: Luis Martín-Santos Ribera

Editorial: Seix Barral

Año de publicación: 1985 (orig. 1961)

Portada del libro

PÁG. 15 (alegato)

"Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias, tan lejanas de un mar o de un río, tan ostentosas en el reparto de su menguada pobreza, tan favorecidas por un cielo espléndido que hace olvidar casi todos sus efectos, tan ingenuamente contentas de sí mismas al modo de las mozas quinceñas, tan globalmente adquiridas para el prestigio de una dinastía..."

PÁG. 22

"Hombre de trapo con maneras de torero".

PÁG. 39

"El que no sepa trabajar por lo menos tiene que tener salero para saberlo buscar".

PÁG. 41

—Y oye, ¿dónde cría los ratones? ¿Viven todos revueltos? ¿Juegan las niñas con los ratones?

—Las niñas ya no están en edad de jugar sino de otra cosa.

—Pero, ¿podrían contagiarse?

—Yo qué sé.

—Quisiera saber si han podido contagiarse.

—Eso usted lo verá. Lo que pasa es que, a los pobres, nada se les contagia. Están ya inmunizados con tanta porquería.

PÁG. 74

"¿Por qué hubo de hacer reír el hombre que más melancólicamente haya llevado una cabeza serena sobre unos hombros vencidos?".

PÁG. 76 (sobre don Quijote)

"Lo que Cervantes está gritando a voces es que su loco no estaba realmente loco, sino que hacía lo que hacía para poder reírse del cura y del barbero, ya que si se hubiera reído de ellos sin haberse mostrado previamente loco, no se lo habrían tolerado y hubieran tomado sus medidas montando, por ejemplo, su pequeña inquisición local, su pequeño potro de tormento y su pequeña obra caritativa para el socorro de los pobres de la parroquia. Y el loco, manifiesto como no-loco, hubiera tenido en lugar de jaula de palo, su buena camisa de fuerza de lino reforzado con panoplias y sus veintidós sesiones de electroshockterapia".

PÁG 197 (sobre el aborto)

"Comprendo que un médico aborte a una duquesa o a la hija de un estraperlista, pero que un médico se ponga a abortar en una chabola es cosa nunca vista. No se puede caer más bajo".

PÁG. 204 (los topicazos)

"Atónitamente ajenos uno de otro, vestido él ya de calle, desnuda ella pero protegida por la invencible indiferencia, hablaban con aburrido gesto de las cosas mismas de que el hombre se ve constreñido a hablar día tras día; del tiempo que ha hecho, de lo guapa que eres, de qué lindos ojos tienes, de cada vez está todo más caro, de que me gusta mucho Humphrey Bogart, de cuando cambia el tiempo siempre me duele esta pierna que me rompí cuando era chica".

PÁGS. 234 y 235 (sobre la grifa)

"Pero al fondo, donde el túnel se hacía más retorcido y donde había prolongaciones colaterales menos sospechadas, las luces rosadas se habían convertido en azules de menor voltaje y allí ya parecía necesario, para ponerse a tono, fumar grifa, cerrando los ojos y hablando muy bajito con alguien que estuviera cerca. Los moros habían introducido este vicio, toxicomanía de países subdesarrollados, y habiendo vencido en su pequeña guerra del opio, lo vendían a mujerucas con delantal en las proximidades de sus cuarteles, las cuales lo transportaban hasta regiones más próximas y lo repartían entre dos clases de clientela posible: el golfo arrabalero y el señorito degenerado. La grifa, a diferencia de otros tóxicos más esquizoides, pide compañía. A veces se la consume haciendo burbujear el humo a través de un botijo de vino que luego se bebe y con ello reúnen varias borracheras en una. Cuando da el vacilón, con los ojos cerrados, alguien va contando en voz alta las cosas que sueña con lo que, los menos autodidactas alucinados podrán seguir la dirección de sus ensueños e ir gozando todos de la misma visión colectiva pintada con vivos colores, al modo de un cinematógrafo en tecnicolor comunitario y sin censura. En lo hondo del túnel azulado podía fumarse grifa en secreto, sin decirlo en voz alta y sin quemar mucho ni muy deprisa, para poder luego vanagloriarse: «Pues yo no he sentido nada». «Ni siquiera me marea»".

PÁG. 253 (sobre la ciencia)

"Que la ciencia más que ninguna de las otras actividades de la humanidad ha modificado la vida del hombre sobre la tierra es tenido por verdad indubitable. Que la ciencia es una palanca liberadora de las infinitas alienaciones que le impiden adecuar su existencia concreta a su esencia libre, tampoco es dudado por nadie. Que los gloriosos protagonistas de la carrera innumerable han de ser tenidos por ciudadanos de primera o al menos por sujetos no despreciables ni baladíes, todo lo más ligeramente cursis, pero siempre dignos y cabales, es algo que debe considerarse perfectamente establecido. A partir de estas sencillas premisas puede deducirse la necesidad de establecer en cada hormiguero humano un a modo de reloj en movimiento incesante o de mecanismo indefinidamente perfectible dentro de cuyos engranajes, el esfuerzo de cada uno de aquellos varones meritorios vaya encasillado de modo armonioso para que — como consecuencia de todos deseada — se logre un máximum de rendimiento y de disfrute: de poder sobre los entes naturales, de conocimiento de las causas de las cosas".

PÁG. 259 (todo está en los libros)

"Métase ahora en su casa y prepare las oposiciones de la Asistencia Pública. Tiene usted buena memoria. Las ganará sin gran esfuerzo. Yo diré una palabrita al Tribunal. Y no vuelva a enredarse en estas cosas. En una provincia se olvidará todo: los periódicos de Madrid no llegan, y aunque los lean no le identificarán. Vivirá tranquilo. Dígame cuándo sean los ejercicios para que yo hable con el Tribunal. Ya lo sabe, no le dejaré caer. Y lea, lea usted, estudie..., de verdad le digo que todo está en los libros".

PÁG. 277 (frasecica)

"(...) Ya se sabe cuán tiernos son los frutos del amor prohibido".

PÁGS. 291 y 292 (¿origen del título?)

"Pero ahora no, estamos en el tiempo de la anestesia, estamos en el tiempo en que las cosas hacen poco ruido. La bomba no mata con el ruido sino con la radiación alfa que es (en sí) silenciosa, o con los rayos de deutones, o con los rayos gamma o con los rayos cósmicos, todos los cuales son más silenciosos que un garrotazo. También castran como los rayos X. Pero yo, ya, total, para qué. Es un tiempo de silencio. La mejor máquina eficaz es la que no hace ruido".

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