Macarena Olona: un sueño y un espectáculo
La manía de los políticos es decir la misma cosa y la contraria. Eso, en mayor o menor grado, es algo que percibe el público desde siempre. Lo único que ocurre es que, en los últimos tiempos, con una polarización tan sumamente alta debido a la fragmentación partidista -los partidos políticos, esos entes con exceso de poder-, este bucle parece repetirse de manera más seguida. Pasó con Podemos -quien tuvo que redefinir su leitmotiv para adaptarse a la moqueta de la Cámara Baja- y ahora se repite con Vox.
Macarena Olona, exsecretaria general de la formación ultraderechista en el Congreso de los Diputados, actuaba en ocasiones a modo de verso libre, marcando distancias (a la manera política, pero marcándolas) con los capos centrales -Santiago Abascal, Javier Ortega Smith, Iván Espinosa de los Monteros-, los cuales siempre han mantenido un cierto recelo de que esta flor creciera más que las demás. Ahí es cuando el tablero verde cambia por completo, mandando a Olona (no creo que muy entusiasmada ante esta decisión) como candidata para las elecciones andaluzas; acompañada de la polémica del empadronamiento en Salobreña -me recordó al de Javier Maroto en Sotosalbos para poder ser elegido senador por Castilla y León- y la consabida decepción en vista de los resultados obtenidos.
¿Qué hace ahora la señora Olona tras abandonar -guiño, guiño- la política? Aliarse, fundamentalmente, con los diputados regionales expulsados -y luego readmitidos- del partido en Murcia: Juan José Liarte (a quien escuché una vez decir, en una mesa redonda en Ronda de Levante, sobre el estado del Mar Menor, que "está un poco pocho"), Mabel Campuzano (la consejera de Educación, con irónicamente más errores de ortografía que un cani de la ESO) y Francisco Carrera. Y, precisamente, de este trío proviene la organización de la conferencia de Olona en la Universidad de Murcia -de forma chapucera, para qué engañarnos-. En un principio, se ubicó y anunció en la Facultad de Letras. El decano de ésta aclaró que dicha impartición no estaba autorizada para realizarse allí -ya tenemos el lío completado, máxime con el antecedente de su ponencia en la Universidad de Granada-. Finalmente, se emplazó el acto al Paraninfo -donde ya hubo uno con Abascal y Monasterio en 2017-.
NOTA BENE. La asociación con la que se instrumenta la organización de estas conferencias -tanto en Granada como en Murcia el tema fue 'la inconstitucionalidad de los estados de alarma'- se llama "Instituto Español de Estudios Políticos", nombre muy parecido al "Instituto de Estudios Políticos" (IEP), antiguo organismo público de origen franquista.
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| La Asamblea de Estudiantes se moviliza contra la visita de Macarena Olona a la Universidad de Murcia (fuente: propia) |
El show está servido. Una hora y media antes, la Asamblea de Estudiantes había convocado una concentración en la plaza de La Merced, en repulsa a su visita a la universidad. El pitote que se formó no tuvo tanta magnitud comparado con el de Granada, si bien es cierto que se respiraba un ambiente de tensión bastante similar. Entre las diversas proclamas, se escucharon gritos de "¡Fuera, fascistas, de la Universidad!; "¡Escucha, Olona, aquí no te empadronas" -he de decir que éste me hizo bastante gracia- o "¡Murcia será la tumba del fascismo! -pista: no-.
Quien acude a actos de esta naturaleza, con tantas radios y televisiones, regionales y nacionales, con cámaras y teléfonos por todos lados como había ayer tarde, y observa las cosas in situ; se da cuenta del bochornoso espectáculo que se instaura: cada foco exponiendo su verdad oficial para que su grey se llene de razones -como dice Eloy Arenas- y no le quepa nada más. Más allá de cualquiera de éstos, quisiera hacer hincapié en Estado de Alarma Oficial, canal que se dedicó a calificar a los manifestantes de "perroflautas" -yo creo que hay más perroflautas con polo y mocasines que con rastas y pantalones bombachos- y "comunistas". Una cosa es tener una línea editorial e informar en base a ella, y otra muy distinta es ser vocero consumado de un partido político concreto. Eso no es calidad periodística, eso es, sencillamente, una mierda.
Afortunadamente, no hubo ningún incidente reseñable. Sin ninguna duda, el cénit se produjo con la llegada de Macarena Olona. Atravesó toda la plaza de La Merced escoltada por la Policía Nacional. Gritos, peinetas e insultos se sucedieron durante el desfile. Antes de entrar al Paraninfo, atendió a los medios en el ojo del huracán. La alicantina sostuvo una angustiosa sonrisa a lo largo del trayecto y levantó el brazo izquierdo con el pulgar hacia arriba.
A la salida del foro, Olona aprovechó la expectación mediática para criticar a la formación de la cual fue apartada definitivamente el día anterior -"Éste es el final del camino", declaró Espinosa de los Monteros- y decir, como apunté al principio, la misma cosa y la contraria (primero, afirmando que descarta fundar un partido propio en razón de la ya más que fragmentación parlamentaria y, acto seguido, que si Vox deja de ser una alternativa de Gobierno, dará un paso al frente). Tarde o temprano, ella misma o alguien de su entorno terminará haciéndolo; al igual que Errejón se fue de Podemos y creó Más País o, mismamente, cuando su antiguo líder se marchó, descontento, del Partido Popular para fundar Vox. No deja de ser curioso que, una Comunidad Autónoma con tanto futuro ultraderechista como es la Región de Murcia, sea la que más traiga de cabeza a su cúpula central. El movimiento sigue siendo pendular. De hecho, siempre lo ha sido.
Alfonso G. Mengual


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